Cuando alguien te de una rama con espinas,
en vez de tomarla con indignación
y correr el riesgo de pincharte las manos,
recíbela con serenidad
y plántala en el jardín de tu vida.
Mas, cuando recojas las rosas,
no te olvides de mandar por lo menos una
para ese alguien.
Al fin de cuentas,
fue ese alguien quien te dio la rama.
Cuando alguien te dé un puntapié,
en vez de devolvérselo,
recuerda que diste un paso al frente,
en tanto que él quedó un paso atrás.
Cuando alguien te grite,
no respondas con otro grito,
para no correr el riesgo
de quedarte también ronco.
Cuando alguien te escupa,
recuerda que un poco de agua y saliva
harán que quedes aún más limpio que antes,
mientras que el escupidor perdió un poco de saliva
que actuaría benéficamente en su digestión.
Cuando al fin, alguien se ría de ti,
sonríe a ese alguien.
Al final, él precisa mucho más una sonrisa.
Susana A. Siguelboim R.
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