Cuando el espíritu se siente
infinitamente triste, se abre el cielo
y su luz radiante te ilumina
nuevamente el alma.
Cuando el espíritu se halla
profundamente sumergido en el barro,
busca una piedra para apoyar los pies
y subir otra vez hasta la superficie.
Cuando el espíritu está totalmente
perdido en el océano revuelto por la
inmensidad de las olas, se presenta
una tabla de salvación donde agarrarse,
evitar el naufragio y volver a la orilla.
Cuando el espíritu está completamente
cansado, sin aliento, colgando de una rama
al borde del abismo, del cielo baja
la cuerda para levantarlo.
Cuando el espíritu está a punto de morir
de dolor, destrozado por calumnias
inhumanas y desgarrado por los hierros
del martirio, surge en tu interior el sol
de luz que te levanta alegre y vencedor
a las esferas del espíritu.
No te desanimes nunca, pues, por hondo
que sea el abismo donde creas encontrarte,
es en el punto más bajo de la humildad
el lugar donde mejor se oye la voz de Dios.
C. Torres Pastorino
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