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La
única persona que puede rechazarte eres tú
Ni la furia del infierno es comparable a la de una mujer despreciada,
nos dice el poeta. Tampoco a los hombres les gusta que les abandonen.
Pocas experiencias son más dolorosas que la de ser rechazado. Nada puede
destruir con mayor rapidez nuestro amor propio. Es profunda la herida de
que no te quieran, de sentirse aislado, rechazado. El miedo al rechazo
es el juego que más perdedores se cobra. A pesar del dolor que provoca,
estoy convencida de que las propias personas son sus causantes. La
personalidad propensa al rechazo tiende a verse a sí misma bajo la peor
luz posible y en el centro del universo negativo. En realidad, siempre
existen por lo menos tres maneras de ver cualquier situación, tres
ventanas de la percepción.
Cada ventana revela un enfoque diferente de una misma situación:
La ventana número uno: los hechos objetivos de lo sucedido.
La ventana número dos: tu percepción de lo ocurrido.
La ventana número tres: todas las explicaciones posibles de lo que pudo
haber pasado.
La personalidad sana, aquella que no permitirá que la rechacen, ha
aprendido a mirar por la ventana tres en sus encuentros con otras
personas.
Cuando nos sintamos rechazados, debemos hacernos esta pregunta:
¿Cuál es la prueba? ¿Por qué no es igualmente posible una explicación
menos dolorosa?
Cuando sientas que otra persona te está rechazando, en realidad eres tú
quien lo está haciendo. Te estás confabulando con la otra persona para
asumir el papel de rechazado.
La única persona que puede rechazarte eres tú mismo.
La clave para aprender a controlar el rechazo es reconocer lo siguiente:
tenemos derecho a rechazar, y la otra persona también. Es importante que
nos enfrentemos a esta idea clara. No todas las personas van a
agradarte, ni tú vas a agradarle a todas las personas. No tienes por qué
aceptar a todo el mundo, ni todo el mundo tiene por qué aceptarte a tí.
Cuando un encuentro social no tiene un resultado satisfactorio, no
busques automáticamente tu capa de inseguridad. No vuelvas a suponer que
te han rechazado otra vez, porque eres demasiado gordo, delgado, bajo,
alto, tímido o agresivo. Debes librarte de la sensación de que estás en
la fila de los esclavos y alguien te está pellizcando los biceps y
revisando tus dientes y considerandote deseable. Aprende a actuar en el
mercado de la amistad, del trabajo y del amor, en lugar de escaparte. No
siempre vas a ganar. Pero cuando hayas aprendido a escuchar la palabra
"no" sin deprimirte, estarás en el camino correcto para romper el hábito
del rechazo.
Una vez que consideres el encuentro social desde este punto de vista :
que todos tenemos derecho a rechazar, te librarás de la presión de tu
yo. Y una vez que tu yo esté lo suficientemente entrenado como para
controlar el rechazo, permaneceras en el juego en lugar de escurrirte
hacia tu caparazón cada vez que fracasa un encuentro.
Aceptación y rechazo, el ciclo normal de la vida. Lo importante es el
cambio que se produce en el cerebro. Aprender a arriesgarse al rechazo,
no a evitar que te rechacen, lo cual es otro modo de decir que estas
aprendiendo a comprometerte con la vida. Ver cada reunión como lo que
es: personas charlando en una fiesta y no como un examen final de vida o
muerte, de aceptación o rechazo.
Penelope Russianoff
No es lo mismo ser rechazado que sentirse rechazado. Ser rechazado por
alguien evoca una voluntad ajena haciendo sentir su derecho de no
aceptar a alguien, y sentirse rechazado puede ser no más que el
sentimiento de no haber sido aprobado por el otro tal como nos hubiera
gustado ser calificados. En ambos casos uno obtiene una puntuación
calificatoria que dependerá de cada uno y de acuerdo a su capacidad de
interpretación de las relaciones sociales, su expectativa hacia el otro
y sus deseos, que salga defraudado, con aliento, deprimido o
maravillado.
El miedo al rechazo tiene mucho que ver con los intereses puestos en
juego en determinada situación, pero de ninguna manera uno debería
hipotecar su integridad interior por obtener una aprobación ajena,
puesto que asi como podemos ser rechazados en un momento, tambien
nosotros mismos lo hemos hechos infinidad de veces.
No es bueno tener miedo al rechazo de antemano, puesto que de esa manera
nos estamos embarcando en un bote que puede naufragar al menor síntoma
de desaprobación.
La conquista de la seguridad es, antes que nada, lo mejor que podemos
llevar en nuestra vida cotidiana y para ello basta con saber que si
somos capaces de aceptar o rechazar, nos vemos expuestos al juego de la
vida en la cual podemos estar en tal o cual lugar en cualquier momento.
El rechazo no es importante, lo importante es la posición que asumimos
al momento de vernos en un lugar diferente al que creíamos de antemano,
íbamos a tener y no fue asi.
Miguel Angel Arcel
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