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Efecto Cascada
Un guerrero sabe que existe el "efecto cascada".
Ya vio muchas veces a alguien actuando mal con quien no tenía el valor
para reaccionar. Entonces, por cobardía y resentimiento, esta persona
descargó su rabia en otra más débil, que a su vez la descargó en otra,
formando una verdadera cadena de infelicidad.
Nadie sabe las consecuencias de sus propias crueldades.
Por eso el guerrero es cuidadoso en el uso de la espada, y sólo acepta
un adversario que sea digno de él.
En los momentos de rabia, prefiere golpear una roca y magullarse la
mano.
La mano termina sanando; pero el niño que terminó recibiendo porque su
padre perdió un combate, quedará marcado para el resto de su vida.
Paulo Coelho del Manual del Guerrero de la Luz
Enviado por Nora
ntyden@yahoo.com.ar
Tenemos dolor, tenemos rabia, tenemos broncas y ante todas estas
emociones que fluyen sin control buscamos descargarnos. Es duro y
difícil aceptar la ofensa, la herida, y todo aquello que nos golpea. Nos
quedamos quietos ante quienes nos lastiman pero luego todo aquello
contenido en nosotros clama por salir, nos ahoga, nos asfixia...
Y ahí se da la descarga, se dispara contra seres que no tienen nada que
ver... Y entonces esos seres reciben algo que tampoco pueden contener y
el efecto cascada se hace cada vez más intenso...
En el mundo de los adultos quizás nos es más fácil darnos cuenta de lo
que sucede, tal es así que ante situaciones que presenciamos de este
tipo tenemos siempre una justificación para aquel que está lastimando, o
volcando su rabia, su bronca... Pensamos en lo que vivió o en lo que
vive, analizamos su situación, su vida pero y los niños? Los niños
muchas veces suelen ser víctimas de estas emociones por parte de sus
padres, de sus amigos...
Una herida en un niño puede ser una marca que en su futuro le impida ser
feliz, una agresión puede ser una cicatriz de por vida que anule su
capacidad de darse, de comprender, de sentir, de amar...
Cuando nos lastimen, nos hieran, y se hagan presentes en nosotros estas
emociones que muchas veces no sabemos manejar miremos hacia arriba
buscando la luz necesaria para poder controlarnos y no copiar a quien
nos hizo sentir de esta manera y miremos hacia abajo pensando que la
infancia es un mágico lugar de sueños.
Marcar a fuego con nuestra rabia a un niño es quitarle la posibilidad de
seguir soñando y somos nosotros quienes tenemos la obligación de cuidar
de esos sueños, de esa inocencia y por sobre todo de ese mundo en el que
cada gesto y cada palabra son pequeños ladrillos que pueden hacer un
imperio que se destaque por su fortaleza o solo una pared inestable que
el paso del tiempo derribe ante el viento más leve.
Graciela De Filippis
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