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Las
Ausencias
Las "ausencias" son como luces que se van apagando, y no siempre nos
acostumbramos a vivir en esa semioscuridad... a movernos, a
desenvolvernos, a seguir caminando en esa claridad disminuida, en esa
penumbra.
No sé cómo se puso a depender el corazón, que tiene tan ancha plenitud,
de una vida tan corta, tan riesgosa, tan frágil.
Las heridas de ofensas pueden curarse... pero las hondas, las que nos
sacuden, permanecen.
Hay corazones a los que las heridas les sanan mas fácilmente, y otros a
los que nunca se les cierran... ni con parches, ni pegamentos, ni
componendas, ni puntadas... ¡Nada! Dejan a uno mansamente rebelde,
impotentemente conforme, obligadamente resignado... pero nada más.
El dolor al máximo, es una incurable dolencia. Quizás la fe sirva de
dique para impedir un desbordamiento, pero no quita la sensibilidad para
impedir las lágrimas, ni el dolor a flor de piel, ni la opresión de
desfallecer en muchos momentos.
Con un esfuerzo sobrehumano sigues en pie, pero en el fondo te sigues
tambaleando.
Con un esfuerzo sobrehumano buscas el sol, pero en el fondo no puedes
atrapar la luz.
Con un esfuerzo sobrehumano quieres subir, pero en el fondo hay un peso
de dolor que te hunde.
No lo entiendes más que lo que pasa.
Y no lo supera más que el que se pone en manos de Dios.
Zenaida Bacardí de Argamasilla
http://www.motivaciones.org
Llegó diciembre con todo su encanto. Caminamos por las calles que nos
muestran sus adornos y nos detenemos frente a las vidrieras que con sus
guirnaldas o sus moños nos hacen guiños. Esperamos con ansias el 8 de
diciembre y armamos el arbolito. Agregamos algún adorno nuevo porque
dicen que "trae suerte", el pesebre nos muestra a ese niño divino, con
su rostro lleno de ternura que nos invita a estar en paz...
Pasan los días como así tambien los recuerdos por nuestra mente. Cuando
llega diciembre sentimos junto a esa alegria que nos da el nacimiento de
Jesus, el dolor de las ausencias.
Sabemos que en la cena un lugar estará vacio... Que nos faltará un
abrazo y un beso... Que al sonar las doce nuestro corazón se detendrá
por un instante y nuestros ojos se empañaran...
Ellos, aquellos que amamos, ellos que fueron parte de nuestra vida,
ellos esos seres queridos que hoy están ausentes descienden y renacen en
un minuto y encienden nuestras vidas, tocan nuestro espíritu y nos
muestran que no existe el adios, que siempre mientras un corazón palpite
de emoción y el alma se agite volveran a nosotros en el amor, en el
recuerdo... y Dios obra esa magia porque la ausencia es solo física,
porque no existe el adios, porque viven en cada uno de nosotros .
Graciela De Filippis
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