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El
Adios
"Hagamos bien las cosas. Quedemos como buenos amigos. No enturbiemos con
agrias discusiones el recuerdo de una historia tan hermosa, tan
trascendente, tan única. ¿Somos o no personas civilizadas?"
Pero eso no quita que él "sea un desgraciado", "un cobarde", "un
inepto", etc, etc... ¿Y ella? "Despreciable", "enferma",
"desequilibrada"... él no sabe como pudo estar tantos años a su lado...
Las cosas casi siempre acaban así. ¡Y pensar que todo habia comenzado
entre sonrisas, gentilezas y galanterías! ¡Y pensar que se tenía la
convicción de que esa era una historia irrepetible! ¡Y pensar que
despues vino el convencimiento de que nadie es perfecto y de que es
difícil encontrar algo mejor! ¡Y pensar que se habian superado las
primeras crisis! ¡Y pensar que no han podido sobrevivir a la actual!.
La nave del amor ha saltado por los aires en mil pedazos y quedan restos
del naufragio que ahora hay que repartir: esto para usted, esto para él,
y cada uno quiere lo que le corresponde al otro. Entonces vienen los
acuerdos, los desacuerdos, las peleas, las reconciliaciones, los
enfrentamientos. Verdaderamente no es posible vivir juntos, pero todavia
no son capaces de vivir separados.
Son raros los casos en que la ruptura es definitiva e irrevocable. Es
mucho más frecuente el tira y afloja. Separarse es algo que da tanta
pereza, es un reto de tal magnitud que en el fondo la unión se mantiene
por culpa de la crisis de la vivienda o por necesidades de tipo
económico.
"Me separaría pero ¿a dónde voy?" "Me separaría pero ya fracasé tantas
veces..." Me separaría pero ¿cómo voy a vivir solo?"
Sí, porque aunque las peleas hayan sido tremendas es dificil estar tan
seguros y decididos. ¿Quién es el guapo que consigue separarse en forma
civilizada, que consigue dejar y ser dejado sin desengaños ni
sufrimientos, sin odios, sin sentimientos de culpabilidad, sin gritos,
sin reproches, sin amenazas? No existe separación, por más civilizada
que sea, que no lleve consigo el sabor del fracaso y la rabia, aunque
sea para uno de los integrantes de la pareja, el más desengañado, el más
desamparado.
"Estoy solo por primera vez en mi vida, vivo solo, debo tomar el cafe
con leche solo, y además el café me pone nervioso. Estoy sola, así que
ahora tengo autonomía, tengo más cantidad de amigos, conocidos,
admiradores, allegados y pretendientes, pero me siento sola".
Son esos primeros meses terribles en los que hay que dar explicaciones a
los amigos desinformados que llaman alegremente para hacer alguna
invitación. Es el período en que se van repartiendo las amistades de la
pareja. Es el período en que se desempolvarán aflicciones que fueron
sacrificadas en aras del amor. Es un momento en el que, paradójicamente,
pueden producirse brotes de euforia: cambiará de lugar la cama
matrimonial, se consolará con un safari a Kenia, va a renovar su
vestuario y por fin podrá disfrutar de la esplendorosa soledad.
Pero también, cuando el golpe ha sido especialmente duro y el trauma
demasiado doloroso, aparece la penosa depresión: "Doctor, tiene que
ayudarme, me miro al espejo y me veo como un monstruo, no volveré a
encontrar una pareja que me haga la caridad de dedicarme una sonrisa".
Y un día, después de varios meses de mal humor y depresión se da cuenta
de que alguien le sonrie, que una persona del sexo opuesto le dice algo
con ternura, o le hace un regalo que le gusta...
Y en el fondo, esto no le desagrada...
Patrizia Carrano
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