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Cuando
las cosas no están bien
A veces el horror se instala en alguna parte del escenario
de la vida. A veces el horror dice presente cuando nadie lo
ha invitado, y lo peor de todo que solo se toma conciencia
después que ha desplegado cualidades que lo hacen ser como
es, aun cuando hayan habido miles de señales que indicaban
algo en lo porvenir.
Si lo normal es la salud, la enfermedad es lo anormal
entonces. Si lo normal es el bienestar, lo anormal es el
malestar, pero en todo ello hay algo que se llama síntoma.
El síntoma es lo que hace posible conocer el estado de salud
de una persona, de una sociedad, de una comunidad. Es por el
síntoma y sus manifestaciones que uno puede saber sobre el
malestar, la enfermedad o la perturbación, y esto es válido
no solo en lo individual, en la patología mental, sino que
tambien se aplica a las perturbaciones sociales cuando hay
una enfermedad instalada en la sociedad.
Cuando algo está mal realmente y no funciona como debiera
funcionar, cuando algo salta a la luz con toda la fuerza de
desestabilización, es el momento de preguntarse ¿que estamos
haciendo? No es por las bondades de algo que conoceremos y
valoraremos a ese algo, es por el malestar lo que ratifica
la posición adquirida en el bienestar. Nadie sabe lo que es
la luz si antes no ha conocido la oscuridad, nadie sabe lo
que es la falta si antes no ha tenido noción de lo que es
estar completo, y el saberlo es producto directamente de la
cultura no del ser que se manifiesta sin tomar en cuenta
dualidades o ilusiones, porque no le competen, porque no las
conoce, porque no forman parte de su realidad.
No es negando lo ocurrido como se solucionan las cosas, no
es dándose valor a traves de palabras muy elocuentes y
plenas de intenciones de victoria como se arreglan los
sucesos, ya sea en lo individual cuando una patología se
instala, como en lo social cuando una perturbación conmueve
las estructuras sociales. Hacer eso, negar lo sucedido,
instar al triunfo sin tomar en cuenta que algo en lo real se
mueve más allá de lo simbólico e imaginario es una
ingenuidad y una vuelta a la niñez como cuando uno creía que
la luna era de queso.
Cuando un hecho que se relaciona directamente con la vida y
la muerte aparece en determinado momento, uno ratifica al
otro. Es por la existencia de lo que sabemos y llamamos VIDA
que tomamos conciencia de algo que termina y se llama
MUERTE. Es por la muerte que tomamos conciencia y valoramos
lo que tenemos y llamamos vida. Estas son instancias de la
existencia y el pasaje que todo aquel que desenvuelve su
potencial simbólico en el mundo debe pagar para acceder al
conocimiento de sí mismo y del otro. Cuando la necedad no
permite abrir la capacidad de entendimiento, cuando solo se
mueven en el mundo de la ilusión, de las imágenes y de lo
aparente, se sufre la consecuencia de pagar un tributo que
vuelve luego como desengaño, angustia y vacío. Aquellos que
solo buscan soluciones en lo preestablecido, aquellos que
planifican la mejoría desde lo técnico, desde lo
estratégico, están funcionando en un mundo imaginario donde
lo aparente siempre será su realidad y no podrán nunca darse
cuenta de los errores.
Es por las manifestaciones del síntoma y su incidencia en la
vida que se conoce a la enfermedad. Esas perturbaciones son
los indicadores de que algo no funciona bien. Ningún sistema
se conoce por los beneficios de su totalidad sino por
aquello en lo que no funciona. Aquello que no funciona o
crea perturbaciones en una parte es el indicador de como
funciona la totalidad.
La vida es una sola y se posiciona como tal en todo lo que
vemos, y no todo lo que vemos pertenece al mundo de nuestra
vida, pero toda la vida esta en nuestro mundo. Si no se toma
en cuenta lo parcial de los puntos de vista de cada uno y se
reconoce la falla a tiempo, es posible que la falla continúe
su andanza dentro de la estructura hasta corroer los
cimientos.
Las palabras pertenecen al reino de lo simbólico y dan
cuenta de lo imaginario, no de lo real, porque en cuanto una
palabra pueda designar algo de lo real deja de pertenecer a
ese registro inaccesible e imposible para formar parte de lo
humano, imaginario y simbólico. Lo real solo se deja atrapar
en su semblante más no en el ser. Por lo tanto si uno
construye un mundo pleno de categorías, reglas, normas,
sistemas de convivencia, etc., lo hace desde lo simbólico
por la palabra no desde lo real y cuando se ha construido un
mundo donde se supone que todo debe funcionar bien, resulta
que hay cosas que no funcionan o obstruyen de tal manera el
funcionamiento que nos pone de cara al vacío para el que no
tenemos palabras y al cual no le podemos siquiera arrancar
alguna. Son esos momentos en que algo nos demuestra que
nuestra realidad no fue construida desde afuera sino desde
el adentro de nosotros mismos para sumarse al consenso de
otros que comparten con nosotros el registro de una misma
posición y a eso lo llamamos realidad y cuando nuestra
realidad se perturba creemos que el elemento discordante
viene de un afuera lejano, sin embargo tambien es parte de
nuestras construcciones compartidas, ese es el síntoma de
nuestra sociedad, eso significa que algo que hemos
construido esta mal y no es perfecto. Eso significa que
hemos dejado un agujero por el que se cuela algo a lo que no
podemos ponerle nombre y si podemos nombrarlo y
categorizarlo, no viene de afuera, viene de adentro de
nosotros mismos, viene de lo humano y si viene de lo humano,
entonces la responsabilidad es de todos.
El lugar que ocupa una cosa nunca será mas grande que el
vacío que lo contiene, por lo tanto una cosa puede ser
tragada por el vacío pero nunca una cosa puede absorber todo
el vacío. Y aquello que viene del vacío no tiene tiempo, no
se ajusta a nuestra dimensión y no sabe de dualidades. Y lo
que viene de allí nos pone de cara con aquello con lo que
nada queremos saber, nos pone de cara a la verdad, nos
desnuda de tal manera que las palabras ya no son sino muecas
sin sentido que no nos cubren de nada, por eso para
enfrentarse a la verdad el único camino es la humildad y es
evidente que la raza humana ha perdido ese atributo que
lejos de menoscabarnos como se cree, nos enaltece, y lejos
de privarnos, realmente nos cura. Esa es la cura que
necesita el ser humano, descender del pedestal al cual se ha
subido pretendiendo desde allí atrapar el sentido de la
existencia habiéndolo puesto siempre más allá de sus propios
limites, cuando en realidad siempre estuvo al alcance de su
propia mano cuando pudo estrechar la mano del otro sin
egoísmo y sin soberbias.
© Miguel Angel Arcel
marc@angelred.com
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