El sol de la verdad
Tiene el hombre su derecho para ganar su sustento desde
la tierra y el cielo, pero no tiene el derecho de
explotar al más humilde para enriquecerse impunemente a
costa del sacrificio ajeno basándose en reglamentos
contratistas o jurídicos. No tiene el derecho de
esgrimir justificaciones aprendidas en escuelas o
universidades para hacer cumplir un contrato social en
nombre del orden y el progreso, porque además de
olvidarse de la máxima creación de Dios insulta a su
especie con miserable desdén, arrojándole en la cara el
odio que siente por sí mismo haciéndole creer que es su
culpa la situación de pobreza en la que debe vivir.
Tiene el hombre sus derechos y sus virtudes, pero cuando
las usa tan solo para servir a los señores de la
oscuridad que se alumbran con el brillo del oro y el
dinero, se aparta del camino del amor y la grandeza para
enlistarse en las filas del odio, la venganza y la
maldad. Cuando usa su inteligencia tan solo para crear
fuentes que produzcan dinero y beneficio para unos
pocos, entonces se denigra a sí mismo creando las
condiciones de indigencia y miseria que pagan aquellos
que trabajan para ellos. Esos pobres pueblos a los que
se les niega la posibilidad de educarse para saber su
lugar en el mundo, aquellos pobres que sonríen desde su
pobreza cuando alguien hipócritamente les hace creer que
se acordaron de ellos y montan espectáculos para
mostrarlos en un show de circo que lo único que les
producirá será más rating y publicidad para sus
programas televisivos.
Cuando los dones otorgados por Dios son usados con fines
egoístas, se buscan las maneras de competir rabiosamente
sin importar los medios, ni la vergüenza, ni el pudor
porque además de haberlas perdido tambien han
despreciado y mal-usado el don que recibieron.
Eso se paga caro. Eso vuelve a quien lo emitió. Una ley
tan simple y verdadera que no puede ser negada, que no
puede ser eliminada con reservas de dinero, porque a
Dios no lo tendrán nunca atrapado por el cuello con
excusas jurídicas o cumplimientos contratistas ante
tribunales corruptos por la ambición y la avaricia.
El tiempo de los mil años está comenzando. Verás el
ejemplo, verás acabarse muchas cosas más. El nuevo día
de los mil años ha empezado ya. El trabajo empieza a
desplegarse desde el amor, pero para lograrlo habrá que
enfrentarse a muchas situaciones difíciles, por eso
debes estar atento a los principios de la luz, debes
estar atento a los principios del amor, debes estar
atento a los principios de la verdad. No te dejes
engañar más. Estudia, aprende, enseña, gratis si fuera
necesario, pero no te dejes engañar por el brillo de
aquello por lo que tantas almas se perdieron e hicieron
de esta civilización una deformada y malsana forma de
existencia rodando en el universo.
Aprende a compartir y amar, no aprendas a ser injusto
por amor propio, aprende que el otro tambien es un ser
humano, de piel divinamente diferente, de un color de
ojos divinamente diferente, de estatura, divinamente
diferente, de sexos divinamente diferente, pero a pesar
de tanta diferencia nos une la divinidad de ser hijos de
Dios y cumplir cada cual su misión en el mundo de
repartir amor a los cuatro vientos, para gloria de la
vida toda que se manifiesta más cerca cuando lo ves en
los ojos de tus hijos.
Aprende a amar y a ser feliz porque de esa manera
enseñarás el valor de la fraternidad y la igualdad
medidas con la vara de hierro al servicio de Dios y no
con la vara financiera al servicio del diablo.
Aprende a vivir de la producción de tu trabajo y
defiéndelo siempre porque es fruto de tu esfuerzo y
comida de quienes dependen de tu sacrificio, pero no te
regales por unas simples monedas al servicio de unos
pocos hipócritas de turno, si hay otra mejor
oportunidad.
Cuando salga el sol de la verdad alumbrará todo lo bueno
y todo lo malo, toda la miseria y toda la riqueza, al
pobre y al rico, al bueno y al malo... cuando salga el
sol de la verdad. Estamos a poco tiempo, esperando la
salida del sol. Y éste no se retrasará. Mientras tanto
soñemos un futuro mejor, soñemos con el sol de la verdad
que entibie las almas de quienes tanto han sufrido, de
quienes vivieron a la sombra del poder que nunca los
contuvo sino que los mantuvo al borde de la vida y la
dignidad
© Miguel Ángel Arcel
marc@angelred.com
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